lunes, 15 de octubre de 2012

Solaris y el firmamento de los planetas



Solaris” es una de las obras que más ha marcado a la ciencia ficción tanto por sus adaptaciones cinematográficas (la más valiosa seguramente sea la de Andrei Tarkovsky, de 1972) como por su originalidad a la hora de abordar la pregunta de si hay vida en otros planetas. La novela fue editada en 1961 por el polaco Stanislaw Lem, quien ha aportado otras publicaciones de referencia al género como El Invencible, La nebulosa de Magallanes o las Fábulas de Robots.

En líneas generales la obra nos narra los conflictos internos y externos de un astronauta, Kris Kelvin, destinado en Solaris, un planeta que lleva siendo estudiado décadas por los humanos debido a sus desconcertantes particularidades físicas -y psíquicas-, no encontradas en ninguno de los otros astros explorados hasta entonces. Hipotéticamente Solaris está formado por un inmenso océano “protoplasmático” que cubre completamente su superficie y que parece tener vida inteligente. Este razonamiento surge ante la imposibilidad de ofrecer otra explicación científica plausible a fenómenos como la desviación calculada de su órbita planetaria. Solaris se muestra, así, durante toda la novela como un misterio sin resolver, capaz de interaccionar con la mente de los humanos y enviarles extraños instrumentos de observación que adquieren la forma de sus seres queridos.

Sin embargo, la gran aportación y genialidad de Stanislaw Lem no sólo fue la presentación de una forma de vida alienígena inteligente incapaz de encajar en los esquemas humanos -y, por ello, más allá de toda posibilidad de comprensión para éstos-, sino por la profusión de descripciones tanto del propio planeta como de los hipotéticos estudios que se realizaban sobre él. Seguramente, para muchos la respuesta que Lem da al “proyecto SETI” encaja mucho mejor en la imaginación de los científicos que la aparición de marcianos similares a insectos montando naves voladoras. Además, constituye una profunda reflexión acerca de los límites del conocimiento humano y su imposibilidad de comprender y conocer de forma científica aquellos fenómenos metafísicos que -como indica su nombre- están “más allá de la física” y, por ende, de nuestro limitado campo de estudio. De hecho, la gran conclusión de Solaris es sin duda ésa: sólo podemos conocer una parte del universo, ya que estamos limitados por nuestras propias capacidades y aptitudes. Todo lo demás, son sólo especulaciones, aptas para la ficción, pero no para la ciencia.

No obstante, la novela constituye la excusa perfecta para dilucidar sobre los planetas con varios soles, su funcionamiento y si realmente existen, ya que Solaris forma parte de un sistema de estrellas binario.


Sistemas de estrellas binarios

En un sistema binario (término acuñado por William Herschel en 1802) dos o más estrellas orbitan en torno a un centro de masa común y puede componerse de dos, tres, cuatro o cinco astros. Los estudiosos calculan que gran parte de las estrellas de nuestro firmamento pertenecen a sistemas con dos estrellas, si bien los demás son relativamente infrecuentes. No obstante, también se han dado casos de estrellas que ópticamente parecen ser binarias pero que no lo son en la realidad, para lo cual los científicos han tenido que desarrollar métodos específicos de observación. Asimismo, es importante señalar que en ocasiones éstos cuerpos celestes orbitan muy cerca los unos de los otros, dando lugar a movimientos de masa y al nacimiento de ciertos objetos que de otra forma serían imposibles.  

La clasificación de las estrellas binarias puede hacerse:
  1. Según su modo de detección.

    1. Binarias visuales: pueden descubrirse por medio de telescopios ordinarios, suelen situarse no muy lejos de nosotros y estar bastante alejadas entre sí. Sin embargo, esta distancia entre las dos estrellas hace que los ciclos orbitales de las mismas sean extremadamente largos y, por ello, aunque son las más fáciles de observar a priori, son difíciles de clasificar porque su estudio puede necesitar de años, o incluso décadas, al ser imprescindible comprobar su período de traslación.

    2. Binarias eclipsantes: sólo son factibles de observarse cuando su órbita está alineada con la nuestra, siendo posible, de este modo, la percepción del encuentro entre las dos estrellas que hace que su luminosidad fluctúe. Así pues, la forma que tienen los científicos de detectarlas es a través del estudio de la curvatura de su luz.
    3. Binarias astrométricas: en este tipo de sistemas una de las dos estrellas tiene poca luminosidad ( por ejemplo, una enana roja o marrón) y, por ello, sólo son detectables por la fuerza gravitatoria que ejerce un cuerpo sobre otro, para lo cual se requieren mediciones muy precisas.

    4. Binarias espectroscópicas: como las astrométricas, también poseen un cuerpo “invisible”, sólo que estás se detectan a través del llamado “desplazamiento de Doppler”, es decir, a través de la observación de la fluctuación periódica en las longuitudes de onda. Cuando la estrella invisible se acerca a nosotros se genera un viraje al color azul en el espectro y cuando se aleja hacia el rojo.

    5. Binarias ópticas o flasas binarias: sucede cuando visualmente las dos estrellas están muy cerca pero, en realidad, están a distancias diferentes de nosotros. Para comprobar su autenticidad es preciso observar su trayectoria durante largos períodos de años y ver si ésta es recta (con lo cual, no orbitaría con la otra) o elíptica.

  1. Según la configuración del sistema:

    1. Separadas: las estrellas evolucionan separadamente. La mayoría de los sistemas pertenecen a esta clase.
    2. Semiseparadas: evolucionan conjuntamente produciéndose transferencias de masa entre ellas.
    3. En contacto: las estrellas están tan cerca que se encuentran dentro de una cobertura atmosférica común pudiendo llegar incluso a fusionarse.

Los sistemas binarios se establecen, según los científicos, en el período de formación de las estrellas y, en los casos en los que existen transferencias de masa entre ellas se pueden producir  fenómenos muy luminosos como las supernovas termonucleares. Éstas, también denominadas supernovas tipo Ia, surgen cuando una de las dos estrellas se convierte en una enana blanca mientras la otra es aún una gigante roja, con lo que esta última es atraía por la primera hasta el momento de su explosión.  


Ejemplos de planetas en sistemas binarios.

A. Planetas con dos soles.
KEPLER 16 b
El primero en ser descubierto fue el Kepler 16 b que orbita alrededor de dos estrellas y está situado a unos 200 años luz. A este tipo de planetas que orbitan alrededor de dos estrellas se les llama circumbinarios. Su ciclo es de 229 días y tiene un tamaño similar al de Saturno, al tiempo que se calcula que su temperatura es demasiado fría como para que la vida sea posible. Cuando se descubrió se comparó con el planeta Tatooine de la saga de Star Wars, en el que se aprecia un atardecer con dos soles (en Solaris se describen dos Soles- uno rojo y otro azul- y dos amaneceres y dos noches distintas).

KEPLER 47

Este sistema se compone de un planeta interior (Kepler – 47 b) y otro exterior (Kepler 47 c), y de dos estrellas que giran una alrededor de la otra cada 7,5 días. Una estrella de ellas es similar al Sol, Kepler-47A y otra más pequeña, Kepler-47B .
El planeta exterior es ligeramente más grande que Urano y su ciclo orbital comprende 303 y se sitúa a una distancia de las estrellas que se considera óptima para la existencia de agua y de las condiciones climáticas necesarias para la vida, aunque es probable que el planeta sea gaseoso y, por tanto, su atmósfera sería incompatible con un organismo similar al nuestro.

B. Planetas con tres soles:
El sistema HD 188753 está situado a 150 años luz en la constelación del Cisne y se compone de tres estrellas: una enana amarilla, HD 188753 A, una enana naranja, HD 188753 Ba, y una enana roja, HD 188753 Bb. En 2005 el astrónomo Konacki descubrió el planeta HD 188753 Ab, cuya existencia ha sido cuestionada por algunos científicos, ya que la existencia de planetas en sistemas estelares triples es complicada e improbabe. El planeta orbitaría muy cerca de la principal estrella y tendría un ciclo de 3,35 días.

Alpha centauri es nuestro sistema más cercano y también se supone que está compuesto de tres estrellas: Alfa Centauri, una amarilla muy similar al Sol, Alfa Centauri B, una naranja de tipo (éstas dos giran entre ellas en una órbita de 80 años) y Próxima Centauri, mucho más pequeña y que realizaría un ciclo de traslación alrededor de la primera y la segunda a una gran distancia. De hecho, este proceso duraría varios centenares de años, por lo que se discute si realmente este astro está ligado al sistema de Alpha Centauri.
A mediados del pasado mes de octubre se anunció, además, el descubrimiento de un planeta en órbita alrededor de Alpha Centauri B, que se denominó Alpha Centauri Bb. Éste se encontraría demasiado cerca de la estrella para ser habitable y tendría un ciclo de tan sólo 3,2 días. 

C. Con cuatro soles
El pasado octubre, asimismo, se anunció también el descubrimiento de un posible planeta con cuatro soles que se bautizó como PH 1, seis veces más grande que la Tierra. Este sistema se compone de dos estrellas binarias que a su vez son orbitadas por un segundo par circulando alrededor de ellas. La existencia de este planeta se consideraría extremadamente rara por la dificultad que entrañaría explicar su formación. Por otra parte, éste está fundamentalmente compuesto de gas, por lo que tampoco parece ser apto para la vida. 


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