martes, 16 de octubre de 2012

¿Sueñan los robots con cerebros positrónicos?




<< Las Tres Leyes de la Robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.>>

    Isaac Asimov es, sin duda, uno de los grandes nombres de la ciencia ficción. Entre sus obras maestras destacan novelas, tales como aquellas que componen la trilogía de La Fundación, y publicaciones de divulgación científica, como, por ejemplo, El monstruo subatómico. Además, Asimov ha demostrado con el paso de los años que no solamente es un prolijo escritor de ciencia ficción, sino también un profundo conocedor de materias como la historia o la filosofía, lo cual demuestra en libros sobre la Edad Media, la Antigüedad, la formación de América del Norte, etc. Sin embargo, lo que aquí nos ocupa son sus numerosos relatos sobre robots, en lo cuales el cine ha encontrado siempre inspiración llevando a la pantalla obras como Yo, robot o El hombre bicentenario

   Pero, ¿cómo llego Asimov a plantearse crear unas descripciones tan originales de estas máquinas, las cuales incluso inspiran a la industria robótica de hoy en día? En primer lugar, como él mismo explica en el prólogo de la compilación de relatos El Robot Completo, cuando alcanzó los veinte años ya era un arduo lector de novelas de ciencia ficción, de tal forma que su conocimiento le llevó a dividir las historias de robots en dos categorías:
  1. Los Robots-como-Amenaza: en esta categoría entrarían todos aquellos relatos en los que los seres humanos presentan una desconfianza, que en la mayoría de los casos conlleva un enfrentamiento, hacia estas máquinas. Algunos de los ejemplos más sofisticados serían el de los replicantes de Blade Runner o el de Hall 9000 de la famosa “odisea” de Kubrick, aunque sin duda el caso más claro sería el presentado en la triología de Matrix.

  2. Los Robots-como-Pathos: en estas historias son los robots, habitualmente de carácter afable, los que se ven sometidos a las crueles órdenes y caprichos de los seres humanos. Tal podría ser, en parte, el caso del film de Steven Spielberg “Inteligencia Artificial” y de la mayoría de los relatos de Asimov.
       Finalmente, Asimov acabó combinando las dos vertientes, diseñando robots que eran verdaderas obras de arte de ingenieria, que realizaban tareas para las que no se precisaba el “pathos”humano y que estaban dotados de dispositivos de seguridad (de ahí su formulación de las Tres Leyes de la Robótica, desarrolladas por primera vez en Círculo Vicioso). Así, estas historias han sido tan transcendentales en el campo de la robótica que el presidente Josep F. Engelberger de una de las grandes firmas de fabricación, Unimation Inc., dedicó su vida al desarrollo de estas máquinas fascinado por las que Asimov describía en sus relatos.

      No obstante, sin duda la auténtica aportación del escritor ha sido la invención imaginaria de robots dotados de verdadera inteligencia artificial a los cuales denominó “positrónicos”. Dicho término hace referencia a una partícula subatómica denominada positrón o antielectrón, que es un electrón con carga positiva. Por lo tanto, un cerebro positrónico estaría compuesto de una malla de platino e iridio en la que las conexiones, equivalentes a las neuronales de nuestro cerebro se realizarían mediante el flujo de estas partículas y no de electrones. Así, los robots dotados con este cerebro artificial conservan cierta forma de conciencia, llegando incluso a poseer capacidades tan “humanas” como la creatividad o la reflexión metafísica. Por ejemplo, en la novela de Asimov El hombre positrónico (derivada del relato El hombre bicentenario) la máquina protagonista, llamada Andrew, presenta extraordinarias dotes artísticas, y su pensamiento va desarrollándose y evolucionando con el paso del tiempo. Otros casos de robots positrónicos son, por ejemplo, el de Sonny, protagonista de Yo, Robot, o Data, de Star Trek.



                                  


     Llegados a este punto cabe preguntarnos si es realmente posible que nuestra ciencia avance tanto como para convertir los sueños de Asimov en realidad. Ciertamente, ya hay ejemplos de inteligencias artificiales muy avanzadas que están en funcionamiento: tal es el caso de Google, que ha unido 16.000 procesadores para configurar un gran cerebro que realice las búsquedas cibernéticas de forma más eficiente. Por otra parte, las redes neuronales artificiales, llamadas RNA, comenzaron a construirse de forma pionera por los neurólogos McCulloch y Pitts a mediados del siglo XX. Poco después, Widrow y Hoff  desarrollaron la primera aplicación industrial real denominada ADALINE. 

    Hoy en día, las RNA están bastante avanzadas, e incorporan propiedades del cerebro humano como la capacidad de aprendizaje. Incluso existen algoritmos genéticos que se están intentando desarrollar dentro del campo de la Robótica Evolutiva. Así pues, con la ayuda de la nanotecnología -aún en pleno proceso experimental- y la posible creación de ordenadores cuánticos en unas décadas (los cuales no elegirían entre 0 o 1, sino entre una hilera de posibilidades numéricas comprendida entre el 0 y el 8), es posible que nuestro nietos tengan la suerte de conocer robots positrónicos tan encantadores como los que pueblan las historias de Asimov.



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